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UNA EDUCACIÓN AMBIENTAL PARA LA ARQUITECTURA

UNA EDUCACIÓN AMBIENTAL PARA LA ARQUITECTURA

Diciembre de 2020 – Gloria Gómez Muñoz. Dra. Arquitecta

Este año 2020, sin duda, pasará a la historia por la pandemia global que hemos sufrido, pero también por haberse puesto claramente de manifiesto nuestra fragilidad como espacie y nuestra debilidad como sociedad supuestamente avanzada. Por ello, sería un momento decisivo para abordar un cambio de rumbo en nuestra relación con el medio ambiente, es decir, con los sistemas naturales que sustentan nuestra vida.

Cada vez más parte de la sociedad es consciente de que no asistimos a un deterioro de los recursos o del entorno, sino que la actuación del ser humano está provocando un daño irreparable en el planeta que se manifiesta intensamente en el cambio climático y en la pérdida de la biodiversidad.

“Nuestro mundo y nuestro entorno actual es complejo, desigual, conflictivo y lleno de incertidumbres”

Ya no se puede negar que hay unos valores dominantes que sustentan y legitiman el actual modelo de producción y consumo. Estos valores han surgido a partir de la idea de la disponibilidad ilimitada de recursos en base a la idea de progreso económico en un modelo social concreto que está fuertemente arraigada en nuestra forma de entender la vida y en nuestro comportamiento.

Nuestro mundo y nuestro entorno actual es complejo, desigual, conflictivo y lleno de incertidumbres, pero entender lo que nos ha traído hasta aquí es el primer paso para cuestionar y proponer.

La arquitectura y el urbanismo también han estado impregnadas por este paradigma que empieza a hacer aguas por muchos de sus lados. Sería quizás el momento de cuestionar la forma de enseñar y de ejercer estas disciplinas, que tienen un importante impacto no sólo en el medio ambiente, sino en la cotidianidad de las personas y en su calidad de vida.

En este punto, es interesante remitirse a la educación ambiental, como un movimiento que surge en la década de los 70 del pasado siglo ante la necesidad de cambiar las relaciones del ser humano con el medio ambiente y que ha visto como sus tesis se han ido legitimando con el paso del tiempo. Su desarrollo permitió que en España en el año 1990 se introdujera la perspectiva ambiental como un eje curricular transversal en el sistema educativo formal. El trabajo realizado desde la educación ambiental nos permite ser optimistas de cara al futuro ya que afortunadamente las próximas generaciones de ciudadanos tendrán más conocimiento y más capacidad crítica sobre nuestra relación con el medio ambiente gracias.
Sin embargo, nuestro conocimiento sobre el medio ambiente y el impacto de nuestras actividades es dinámico y complejo y requiere de la integración de saberes transversales que se adquieren a lo largo de toda la vida personal y profesional. También precisa del compromiso personal en la participación y transformación de nuestra sociedad. En ese sentido, deberíamos extender los principios de la educación ambiental a todos los ámbitos formativos relacionados con la Arquitectura y el Urbanismo.

En el informe final de la Conferencia Intergubernamental sobre Educación Ambiental de la UNESCO celebrada en 1978 en Tbilisi se indicaba que la educación ambiental debería centrarse en la preparación del individuo mediante “la comprensión de los principales problemas del mundo contemporáneo, proporcionándole conocimientos técnicos y las cualidades necesarias para desempeñar una función productiva con miras a mejorar la vida y proteger el medio ambiente, prestando la debida atención a los valores éticos.” Asimismo, el Libro Blanco de la Educación Ambiental en España editado en 1999 por el Ministerio de Medio Ambiente señalaba que


“Se deben asumir responsabilidades desde todos los ámbitos sociales. Es preciso afrontar el reto de construir un nuevo modelo de sociedad sostenible en lo ambiental y equitativa en lo social.”


La Agenda 2030 es la herramienta a escala mundial aprobada en 2015 por la Asamblea General de la Naciones Unidas para abordar este enorme reto. Mediante la definición de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se pretende “liberar a la humanidad de la tiranía de la pobreza y las privaciones, así como sanar y proteger nuestro planeta”. El enfoque de este documento incide que todos los países deben comprometerse en reducir su impacto ambiental e involucrarse en el cumplimiento de todos los ODS.

La transformación de nuestras ciudades y de nuestros edificios pueden contribuir de una manera importante en la consecución de muchos de los ODS. Sin duda esta será la principal tarea de los profesionales de la arquitectura en España en las próximas décadas y para abordarla deben poder disponer de herramientas que les ayuden a mejorar su capacidad de análisis, reflexión y acción como las que se proponen desde la educación ambiental.

En ese sentido es importante que los arquitectos comprendamos que, ante cualquier proyecto, no se trata únicamente de dar respuesta desde el conocimiento técnico, sino que es fundamental comprender los procesos ambientales asociados a la construcción y las consecuencias culturales, sociales y económicas para una toma de decisiones comprometida con las necesidades de este momento.

La inclusión de las cuestiones ambientales en la arquitectura no es una cuestión novedosa. Desde la década de los años 70 hay numerosos ejemplos en todo el mundo, también en España, en los que se han tenido en cuenta estrategias bioclimáticas y ambientales. Estas posiciones fueron marginales hasta la modificación de la normativa técnica en el año 2006, momento a partir del cual la eficiencia energética se ha incorporado como una prestación imprescindible en la edificación, en paralelo a los conceptos de sostenibilidad y ecología.

Sin embargo, más allá de los adjetivos para calificar a la arquitectura o al urbanismo como ambientales, ecológicos, sostenibles o eficientes, para alcanzar los retos que se nos plantean en los ODS, es necesario un cambio más profundo en nuestra sociedad y, por ende, en el sector de la edificación del que formamos parte los arquitectos. Se trata de pensar en los procesos, tanto los que generan nuevas edificaciones y desarrollos urbanos como los que deben transformar la ciudad y los edificios existentes.

En esta tarea, los arquitectos tenemos y tendremos suficientes conocimientos que nos permitan trabajar con la complejidad de los elementos de la arquitectura para llegar a soluciones con las mejores cualidades funcionales, estéticas y técnicas. Sin embargo, debemos reconocer que nos falta adquirir otras capacidades para gestionar aspectos en los que incide la educación ambiental como el conocimiento y comprensión del origen de los problemas ambientales y los conflictos que se producen tanto a nivel local como global, el debate sobre la ética y los valores proambientales, la transformación de actitudes y comportamientos a partir de la toma de decisiones compartida.

Sin duda, hay muchos otros aspectos que afectan hoy en día al ejercicio de la arquitectura en nuestro país, que tiene que ver con los cambios necesario en la formación académica, en las organizaciones colegiales y en la regulación como profesión y que necesitan de una revisión crítica y propositiva que deberemos abordar más pronto que tarde.
Más allá de estas cuestiones, es necesario que esta revisión se realice con una perspectiva contemporánea, desde la que la preservación del medio ambiente no es sólo urgente, sino necesaria para garantizar nuestra vida y el futuro a las próximas generaciones.

REFERENCIAS

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