es | en

“PAPEL, LÀPIZ, GOMA Y DOBLE DECÍMETRO” | VICTOR RAHOLA

PONENCIA DEL SEMINARIO DE ARQUITECTURA E INDUSTRIA ‘PROFESIÓN Y OFICIO’ ORGANIZADO POR ARQUITECTURA Y SOCIEDAD CON LA COLABORACIÓN DE AXA.

En las mesas de dibujo del despacho de José Antonio Coderch siempre debíamos tener: hojas en blanco de papel sulfurizado en tamaño DIN A4, lápiz de mina blanda HB, goma de borrar y doble decímetro.

Su finalidad era disponer de los instrumentos necesarios para proyectar de forma inmediata, y poder corregir lo que estábamos dibujando.

El papel sulfurizado, para calcar debía ser suficientemente resistente al borrado constante; el lápiz blando, para dibujar a mano y poder borrar con facilidad, la goma de borrar, seguramente lo más importante, para eliminar todo vestigio de situaciones anteriores sin dejar rastro e evitar la comparación entre distintas propuestas; el doble decímetro, para obligar a dibujar sabiendo la medida de las cosas sin necesitar de utilizar el escalímetro.

Esos eran y son los instrumentos del arquitecto para proyectar, y que aprendí en el taller de Coderch. Dibujar a mano y observar, ésas iban a ser las bases de mi oficio.

Una profesión es el trabajo que alguien ejerce provisto de un título académico, y por el que recibe una retribución económica, mientras que un oficio artesanal o manual se basa en la tradición y la costumbre, y sólo se accede a él por el aprendizaje, en un taller o despacho; la finalidad del oficio es la búsqueda de la perfección del objeto realizado, a través del trabajo.

Los arquitectos pueden aprender el oficio practicando en un taller, observando gestos, palabras y experiencias vividas en el trabajo, y adquirir así la destreza para relacionar trabajo manual con conocimiento transmitido.

En la mano está la habilidad y en la cabeza, el conocimiento.

Cuando el flujo entre ellas se convierte en algo natural, vuelto instintivo, como quien juega a ping-pong, entonces se está en condiciones de concebir proyectos, y el nivel creativo dependerá de la habilidad y del conocimiento.

Quetglas, en el artículo “Rafael Moneo, Versos y oraciones de caminante”, aborda la cuestión de la temporalidad, el pasado hecho presente en la tradición del artesano, y su contrario: el presente sin pasado, el presente que sólo conoce el pasado como historia, que saben los profesionales.

“El pasado no tiene nada que ver con la historia. No debemos confundir el pasado con la historia. El oficio conoce el pasado; la profesión lee la historia……”

“El pasado forma parte de la vida de los oficios. La historia forma parte del aderezo cultural de las profesiones”

Entendida de ese modo, la tradición es atemporal, es de todos los tiempos, como consecuencia de la ausencia de historia en ella.

Su conocimiento proviene de las sabias experiencias de generaciones anteriores, de las cuales nosotros, y cada generación, somos depositarias, y tenemos el deber de mantenerlas y trasmitirlas. No debemos obligar a que cada generación reinvente la rueda.

La tradición puede hacer suyos los nuevos sistemas constructivos, los nuevos usos, precisamente porque la tradición de un oficio es la consciencia de los problemas a los que se enfrentaron generaciones anteriores, y cómo les supieron dar respuesta con lo que tenían a su alcance. A partir de la tradición, la experimentación produce adaptaciones de modo acumulativo, deja de ser algo fijado en el tiempo, para convertirse en manera de hacer viva, sabiduría colectiva al servicio de las necesidades de una sociedad, es decir se convierte en ética.

Entiendo que la palabra ética en arquitectura precisa cometario, pues cualquiera puede decir que su arquitectura esta al servicio de la sociedad y es ética. En ese sentido, creo que lo más oportuno será recordar una respuesta de Coderch, en la entrevista que le hizo Baltasar Porcel publicada en la revista Destino, en 1967, en la que, conociendo al personaje y su obra, puede darnos más luz sobre esta cuestión

“La arquitectura, ahora y aquí, presenta diversos caminos, y hay gente que trabaja bien, aunque, para mi gusto, demasiado cargados de teorías. Mucha palabrería estética y de ‘estar inmersos en los contextos sociales’. Me´n toco el nas! Hay que realizarse en la tradición. ¡Ahí está la fuerza! Tradición y ética. Sin ello, no se puede hacer nada. Hay que huir de esas corrientes esterilizadoras y navegar contra corriente. Un contra corriente vivo, creador.”

Ayer, cuando terminaba de escribir estos comentarios sobre el oficio y la profesión, me surgió la duda de cómo debería ser hoy nuestra relación con la tradición, y pensé en dos direcciones.

La primera es aquello que sentimos de un lugar como hecho cultural, y que nos conmueve. La segunda, pensé en dos maestros:  Siza y Zumthor, y recordé algo que había leído de *Peter Zumthor.

…. pocos son los problemas arquitectónicos para los cuales no hayan sido halladas con anterioridad respuestas válidas…

…SI hago un análisis retrospectivo, he de decir que mi formación como proyectista me produce la impresión de algo ahistórico. Proyectar no es ningún proceso lineal que, partiendo de la historia de la arquitectura, conduzca de modo lógico y directo, por así decir, a un nuevo edificio…

… Nada de lo que conozco parece casar con lo que quiero, y que aún no sé cómo debe ser. En tales situaciones, intento desprenderme de mi conocimiento arquitectónico académico, que, repentinamente, me deja paralizado…

*Del libro Pensar la arquitectura: Una intuición de las cosas

Teniendo en cuento lo dicho anteriormente, donde el oficio nace a partir de la tradición y el conocimiento adquirido, junto con una metodología que parte de una técnica ya conocida, presento una bodega en Mont-Ras, que realice en el año 2014 en colaboración con Jorge Vidal.

El proyecto realizado en nuestro estudio ejemplifica como entiendo ese compromiso con la arquitectura y su practica. En este sentido para mi es importante la interpretación que doy a la cultura del Mediterráneo y su papel relevante en la relación entre espacio y materia, desde lo domestico a lo publico.

Con una economía de esfuerzo en la que el rigor creativo, es la base para el bienestar de las personas.

El programa de la bodega responde a la necesidad de la elaboración del vino y de conseguir una relación de proximidad con la Masía existente. Se dispone cuatro naves con espacios de servicio intermedios que contienen las instalaciones. En la primera nave, se almacenan los espacios útiles del desarrollo agrícola de las viñas junto con los laboratorios, áreas de embotellado y cámara frigorífica. La segunda de las naves está destinada a las tinas de maceración del mosto. La tercera nave almacena durante largos periodos las barricas y las botellas en reposo. Por último, la cuarta nave está destinada al área de catas, disfrute y almacenaje de las botellas de descorche. El accesos desde la parte superior de la Masía hacia la nave de catas, se realiza a través de una escalera enterrada que organiza el recorrido de los propietarios. El acceso a las otras tres naves se realiza directamente desde el viñedo.

Las condiciones climáticas son determinantes para una bodega, se exige: una humedad entre 65% y 75%  y una temperatura constante entre 15º y 17º, una buena ventilación, iluminación tenue y materiales porosos que permitan su “respiración”.

La respuesta a esas exigencias, configuran espacios y materiales que evocan la sensualidad propia de las cavas tradicionales. En nuestro caso, la utilización del ladrillo visto junto con sus juntas del mortero, para los muros perimetrales, permite la respiración entre tierra y bodega. Su cubierta jardín descarga el peso de la tierra encima de bóvedas de hormigón. La plataforma superior se transforma en un captador y receptor de agua, que es enviada a un deposito para su posterior reutilización. Los muros de contención perimetrales, responden a la mejor geometría para descargar los esfuerzos de compresión de la tierra. Se resuelve con bóvedas de ladrillo, colocados en vertical que permiten la entrada de luz cenital en todo el perímetro.

Plantas y secciones se complementan con un mismo concepto estructural, uno con ladrillo y el otro en hormigón a través de un sistema abovedado en muros y techos.

Enterramos la bodega para mantener un clima con una temperatura y humedad adecuados y crear la atmósfera adecuada para sentir la presencia del vino, a partir de la sensualidad de la forma, de sus materiales y de su iluminación. En ese sentido, la planta, sus galerías; la sección semi enterrada; el calor de los materiales y su integración con la tierra cultivada; pretende crear un lugar apto para la función exigida.

Podéis ver el vídeo resumen del seminario aquí:

Compartir en:

Más noticias