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“La felicidad cura, lo he leído”. Vicente Verdú a través de sus familiares y amigos.

 

En Madrid,a 22 de febrero de 2019

 

“Siempre entusiasta y siempre entregado. Un amigo muy importante y muy querido”

 

Con estas palabras, el pasado viernes, inauguraba Patxi Mangado, patrono fundador de la Fundación Arquitectura y Sociedad el homenaje, organizado por la misma, a Vicente Verdú, periodista, ensayista, poeta, pintor y jefe de Opinión, de Cultura y de suplementos culturales en EL PAÍS.

El Círculo Bellas Artes de Madrid sirvió de lugar de encuentro de los amigos y compañeros de vida del periodista entre los que se encontraba el diseñador Alberto Corazón que recordaba que “Vicente solo pintaba cuadros cuando se encontraba bien y cuando estaba de buen humor. Durante años no se atrevía a enfrentarse al lienzo. Solo al final se sintió lo suficientemente liberado como para pintar“. El diseñador contó como solían tener conversaciones sobre la soledad de la pintura y cómo llegaban a la conclusión de que “un cuadro no tiene vida hasta que no es observado” y que ahí era donde residió la obsesión de Verdú por exponer. “Vivió con muchísima plenitud. Siempre con su talante y su actitud le hacían tan especial” recordaba.

 

“Vicente tratando de hacer música o pintura con la vida. Hasta el final.”

 

Eduardo Verdú, hijo de Vicente, leyó un texto de Juan Cruz en su ausencia, en el que el periodista recordaba una noche en la que se perdió por el monte junto a Verdú y su esposa Alejandra durante la cual “ninguno de los que íbamos con ellos sabíamos de cierto la salida de aquel laberinto. Alejandra y Vicente corrían, riendo, desorientados y felices. Alejandra reía siempre como si abrazara un momento de su niñez. Vicente era dubitativo, en la risa y en la carcajada. Siempre tenía, además de la conciencia de lo que hacía, la sensación que lo que pasaba era literatura o un cuadro. Nunca olvide esa escena feliz. Nunca olvido a Alejandra y Vicente. Y a sus hijos. Las noches en casa, el fútbol, la generosidad con la que una vez, hace tantos años como tiene la vista de la gratitud, me dieron la mano para que saliera de la oscuridad y me llevaron por huertas en las que la hierba le daba música a la noble risa de Alejandra y el resplandor nervioso de Vicente tratando de hacer música o pintura con la vida. Hasta el final.”

Luis Fernández Galiano releyó parte de un texto que escribió tras la muerte de Verdú el verano pasado en el que concluía: “Vicente era y ya no es. E inconsolables nos preguntamos qué fue de tal invención”. 

Finalmente, el encargado de dar cierre al acto fue su editor, Jorge Herralde, que compartió con los asistentes cómo se conocieron Verdú y él: ” Lo vi por primera vez en 1970. Me recomendó un libro que creía que me gustaría, aunque no nos conociésemos. Y tenía razón.” Hizo también mención del primer libro del periodista, así como de los últimos correos electrónicos que intercambiaron bajo el asunto: “Una felicidad” en los que, entre otras reflexiones, Vicente Verdú le aseguraba que “La felicidad cura. Lo he leído.

 

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