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“La comunicación es extraordinaria en nuestro trabajo. Cualquier edificio comunica” – Francisco Mangado

Patxi Mangado, arquitecto y Patrono Fundador de la Fundación Arquitectura y Sociedad participa en la iniciativa de BrandOK #Comversaciones” en la que expone qué características debe tener la buena comunicación y un/a profesional de la arquitectura.

¿Qué características debe tener la buena comunicación?
En la buena comunicación, yo no soy un experto en comunicación pero, evidentemente comunico todos los días a través de mi arquitectura, de la docencia, etc. Yo creo que hay una cuestión fundamental, es transmitir una cierta coherencia con el pensamiento de uno, ¿no? Tampoco son las mismas comunicaciones lo mismo de un periodista, ni cuando yo comunico con mis estudiantes o intento comunicar a la sociedad con mis edificios. Habría que establecer seguramente unas diferencias de comunicación, pero me parece esencial la coherencia. Un cierto sentido de transmitir por lo menos tu verdad. Yo no voy a decir que sea la única verdad, como decía un profesor mío, “lo contrario de una verdad profunda puede ser otra verdad profunda” pero sí, ese sentido, digamos, de intentar transmitir principios. Realmente ser coherente. Transmitir con una coherencia respecto a lo que tú piensas. Ni engañarte, ni engañar a los demás. A mi me parece que esto es fundamental.

¿Qué habilidades comunicativas debe tener un/a profesional de la arquitectura?
Bueno, yo creo que efectivamente en la arquitectura hay muchos momentos donde la comunicación es importante, pero me voy a centrar en el que a mí me parece más esencial. Los arquitectos, a fin de cuentas, todo lo que hacemos es público, es decir, si yo hago un edificio estoy haciendo ciudad y; por lo tanto, eso tiene una dimensión pública importante. Si yo hago un edificio y dejo ese edificio por un tiempo y, por lo tanto, pasa más o menos bien o mal a la historia, así que, la dimensión de la comunicación es extraordinaria en nuestro trabajo. Cualquier edificio comunica porque, además, en la medida en que los edificios son consecuencia de una realidad social económica, cultural o de una realidad temporal, necesariamente estamos comunicando reflexiones nuestras y de pensamiento respecto a esa comunicación. La sociedad, además, recibe los edificios en un sentido de unas piezas que son útiles para ellos. Nosotros trabajamos para la gente, por lo tanto, intentar transmitir por qué se hacen las cosas, cuáles son nuestros objetivos, yo creo que es esencial. Uno de los grandes problemas de nuestros días en la arquitectura, yo creo que en todo, es la gran superficialidad. Es reducir la comunicación de la arquitectura solo a las imágenes y no a los principios, las razones, los fundamentos que están detrás de nuestras decisiones.

¿De qué manera se comunica la arquitectura con la sociedad?
Hoy en día, el problema de la… y, retomó con lo que decía antes, el problema es que la arquitectura se comunica de una manera muy banal, ¿no? Solamente con la apariencia del ojo. La arquitectura nace por unas razones. La arquitectura nace en un contexto. Yo tengo que estar trabajando en un contexto físico, en un contexto ciudadano, en un contexto social. Trabajo para una determinada gente, trabajo para unas instituciones, trabajo para una realidad cultural, que no es la misma aquí, que puede ser en África o que puede ser incluso en Francia, ¿no? Trabajo con unos presupuestos, es decir, hay unos contenidos. La arquitectura tiene unos porqués, no sólo es un capricho formal, o de imagen o de representación, que en un momento determinado puede llegar a ser importante. Y transmitir esos fundamentos, es hablar de los contenidos. Por otra parte, yo siempre he dicho que el material más importante y más esencial para hacer arquitectura, es el tiempo. Cuando uno realmente hace una arquitectura preocupada por ese contexto, necesita un tiempo para madurarlo. La arquitectura solo de la imagen es inmediata, pero la arquitectura que exige reflexión, pensamiento, que exige respuestas, requiere tiempo. Mira, la mejor manera de controlar una sociedad es quitarle el tiempo. Pero la arquitectura como cualquier actividad vital, necesita: tiempo para pensar, tiempo para hacer, tiempo para disfrutar, tiempo para criticar. Hoy estamos demasiado acostumbrados a los edificios inmediatos que son una gran fiesta el día que se inauguran, pero quizás cuando pasa el tiempo, desaparecen. No tienen ningún valor. Y cuando yo contrapongo la arquitectura del significado a la arquitectura que ahora se llama del espectáculo, hablo de esa arquitectura que va a mejorar con el tiempo. Las cosas que se mejoran con el tiempo y que no son simplemente inmediatas, son aquellas cosas que tienen sentido, que tienen contenido. A esto me refiero cuando hablo de arquitectura, a los porqués. Insisto: el tiempo es el material más importante, no solamente para la vida, sino también para la arquitectura. Y, hoy, nos lo han quitado.

¿Un edificio se convierte en el discurso de un arquitecto?
La arquitectura siempre es un discurso, es decir, la arquitectura en sí misma a través de la vida que se desarrolla en ella, a través de la relación en la ciudad, a través de la expresión de su tiempo, otra vez, pues lógicamente se convierte en el discurso nuestro. Discurso a veces no comprendido. Es verdad, que hacen falta, a veces, explicaciones adicionales. Muchas veces, el lenguaje de la arquitectura puede ser excesivamente hermético para la sociedad. Hacen falta esas reflexiones, pero los discursos en arquitectura son evidentes. De la misma manera que, muchas veces, la propia arquitectura se ha convertido en una especie de materialización de los discursos. El poder siempre ha utilizado la arquitectura; por ejemplo, para expresarse. Pensemos, por ejemplo, en la arquitectura nazi donde la arquitectura del imperio se impone. Cuando Speer quiere buscar una arquitectura para representar un sistema o una ideología, busca la arquitectura clásica, la arquitectura imponente, etc., donde lo humano no es importante. Luego hay una arquitectura más democrática, más del servicio de la gente, etc. Por lo tanto, la arquitectura siempre es un discurso.

¿Qué comunican tus obras y qué pretendes transmitir con ellas?
Pero yo intento que transmitan, pues, estas preocupaciones con las que, a su vez, me sirven para trabajar. De donde extraigo los instrumentos para dar respuestas, ¿no? Primero, quiero que transmitan que detrás hay una preocupación por los problemas reales; es decir, la arquitectura, que sin duda es un hecho artístico, no puede abandonarse o no puede no considerar los problemas ciertos. Los problemas ciertos a los que se sirve, pero no hablo sólo de problemas funcionales, hay otros incluso más importantes que son los problemas de la relación con la ciudad. Los problemas sociales que están inmersos. Si hablamos, por ejemplo, de la vivienda, sin ninguna duda, la vivienda es un instrumento extraordinariamente importante; por ejemplo, para buscar un equilibrio social como lo es la ciudad. Tengo preocupaciones lógicamente materiales. ¿Cómo se construye? Unas preocupaciones éticas que tienen que ver con la relación entre los medios y los fines. La arquitectura ha de tener una dimensión ética. Lógicamente tiene también una manifestación formal, expresión de lo que a ti te gusta o no, de los pensamientos más… digamos, en este caso, sí, más artísticos, digamos, ¿no? Pero, en todo caso, lo que sí me gustaría es que, al final, la gente vea que detrás no hay una aproximación frívola sino hay una aproximación, equivocada o no, eso lo dirá el tiempo, pero desde luego una aproximación preocupada por los problemas que constituyen el fundamento a los que debe dar respuesta la arquitectura. Que son muy variados y muy amplios.

¿La arquitectura tendrá que reinventarse tras el COVID-19?
Bueno, pues mira, yo lo primero que quiero decir es que creo que esto del COVID-19 no va a cambiar casi nada. Y quiero decir, las preocupaciones que tenía la arquitectura y la ciudad, siguen siendo las mismas. Sí que es verdad que el COVID- 19 seguramente ha supuesto, por decir de alguna manera, la escenificación de que las cosas, de que había problemas, de que las cosas no iban muy bien; pero ya no en la arquitectura, o el urbanismo o en la ciudad sino, en general, en la sociedad. Los problemas siguen siendo los mismos.

No nos engañemos. A mí algunos que me preguntan: “Es que la vivienda tiene que tener balcones, ¿no?”. Yo digo: “Pero perdona, igual el problema es que lo primero que nos tenemos que plantear es si la vivienda en este momento está dando respuesta a una demanda constitucional, que es que la gente tenga derecho a una vivienda digna. ¡Hombre!, lo de tener balcones, ya no sé, igual resulta que es una cosa menor. Lo que habría que ver aquí es si, por ejemplo, la gente puede acceder con una renta razonable y con un dinero razonable, a una vivienda digna; pero es que este problema es el mismo que hace diez, quince y veinte años.

Si una ciudad tiene espacios públicos adecuados o no, si una ciudad utiliza más el coche o no, si una ciudad da respuesta a unas injusticias desde el punto de vista de distribución de la renta, que hacen imposible el acceso de la mayoría de la gente o de los jóvenes a una vivienda de calidad, etc. Siguen siendo los mismos problemas a los que nos tendremos que enfrentar. El problema de la relación con el medio, con la contaminación, etc., sigue siendo el mismo. Y son problemas muy importantes y muy urgentes. Muchos de ellos, fijate, que no estoy hablando ni siquiera de la arquitectura como un hecho constructivo, estoy hablando de las razones sociales, contextuales, que precisamente marcan la arquitectura que se tiene que hacer. Es más importante para hacer buena vivienda que haya mejores ayudas, que por ejemplo, se regule el uso del suelo para que pueda haber viviendas más económicas o que, por ejemplo, utilicemos las tecnologías más avanzadas y robóticas para hacer mejores viviendas, más baratas y en menos tiempo. Y todo eso, nos resolverá los problemas que estaban de índole estructural, vital o de civilización. Una buena relación con el medio, una justicia más distributiva, una ciudad más justa para todos, más accesible, etc., etc. Y aprovecho para decir una cosa: que seguimos siendo occidente una ciudad, una sociedad, verdaderamente, como diría yo, un poco falsa. Porque, claro, nos preocupamos del coronavirus, cosa que es muy preocupante, cuando nos toca. Pandemias de estas hay, cada día, muertos de hambre en África, pero no nos preocupamos, ¿eh? Y estos problemas no son nuevos porque viene el coronavirus, son problemas estructurales que tiene la humanidad y, por cierto, en otros países infinitamente más agudos; por lo tanto, ¿van a cambiar cosas?, ojalá cambien.

¿Deberían cambiar?
Deberían cambiar.

¿Cómo consecuencia del coronavirus?
No, como consecuencia de la sociedad que tenemos. Tendremos que repensar la vivienda pero insisto: no sólo por el coronavirus sino por un grado de confortabilidad elemental. Que estas cuestiones como, por ejemplo, insisto: los espacios comunes, etc., van a cambiar. Y que la ciudad volverá intensificar, por ejemplo, en cuestiones de movilidad no usar los automóviles etc., sí, pero creo que bueno, que cambiarán cosas e, insisto, dentro de la línea de lo que ya eran los problemas que teníamos.

En algún momento has dicho que la arquitectura debe ser accesible a todo el mundo…
Absolutamente. Y me parece esencial. De la misma manera que todo el mundo tiene derecho a la salud, todo el mundo debería tener derecho a vivir en un espacio digno. En unos espacios confortables y utilizó el término confortable que hoy los arquitectos, a veces, nos hemos olvidado. Deberíamos tener unos mecanismos de acceso razonables. Tener unos edificios donde hay servicios públicos donde se esté bien. A ver, que yo sepa, la Constitución habla de un derecho a la vivienda digna; es decir, el derecho a la habitabilidad, el derecho a vivir confortablemente. A mí me parece esencial. Eso no puede ser, es decir, no solamente los ricos, por decir un ejemplo, se pueden, van a tener derecho a un buen arquitecto. Cuando nosotros vamos y aspiramos a tener una atención médica, buscamos los mejores profesionales. Pues no sé por qué no en la arquitectura. Claro que la arquitectura no puede ser un lujo, es un derecho.

Porque yo diferencio arquitectura de construcción. La construcción es un hecho mecánico, es un hecho económico, es un hecho productivo. La arquitectura tiene que ver con el hombre, tiene que ver con muchas cosas. También con la salud. Y, desde luego, tiene que ver con la belleza. Todo el mundo tiene derecho a la belleza.

Destaca algún momento profesional en el que la comunicación haya sido decisiva para ti
Te voy a poner dos ejemplos: el Palacio de Congresos de Palma de Mallorca. Un edificio de 70.000 metros cuadrados y 120 millones de euros de presupuesto. Que estaba iniciado ya con la crisis, con la crisis del 2008. Con una situación social, política, crispada como consecuencia de esta crisis. El esfuerzo de comunicación que yo tuve que hacer en Palma de Mallorca para explicar el proyecto, incluso, para hablar de la conveniencia y la oportunidad económica dentro del contexto que se avecinaba, etc., etc. En un momento en que todo el mundo estaba en contra de los edificios grandes… Yo no sé si se han hecho muchos palacios de congresos en otras ciudades, que igual no eran necesarios, pero desde luego, si yo tuviera que elegir una ciudad en donde es necesario un palacio de congresos, es Palma de Mallorca. Que no tenía y es la ciudad que más turismo recibe. Hoy, es un auténtico negocio para la ciudad y está reconocido. Le han dado el premio al mejor palacio congresos del mundo. Bueno, la memoria es muy corta. La gente que lo criticaba, incluso, hubo propuestas de algún partido que cuando estaba medio hecho, decía: “esto hay que convertirlo en viviendas sociales”.

Bueno, hoy, todo mundo está encantado pero claro, yo tuve que hacer un esfuerzo… Por ejemplo, luego además había que controlar aquello económicamente muy bien. Yo, por ejemplo, me reunía cada tres meses con los periodistas para explicar lo que estábamos haciendo. Por ejemplo, otro caso. Oviedo. Bueno, en Oviedo me encargan hacer un edificio en una zona relativamente depauperada donde no había ni una sola plaza. Y resulta que me encargaba de un edificio de un bajo más 8. Un macizo que ocupa todo, un horror. Y yo digo: “¡hombre aquí lo que hay que hacer es una edificación en altura para liberar una plaza para la gente del barrio!”. Aprovechar esto para la gente del barrio. Bueno, seis meses antes, habían tirado unas torres o habían tirado, no, habían tirado el proyecto de unas torres de Calatrava, que era un proceso especulativo. Y, claro, yo digo: “¿cómo voy ahora a explicar que quiero hacer una edificación en altura, cuando seis meses antes la ciudadanía?” Bueno, pues ¿sabes lo que hice? Fui al Ayuntamiento y les dije: “yo quiero convocar una conferencia a todos los vecinos del barrio para explicar por qué hago esto y que luego voten, si quieren”. Se hizo esa conferencia. Yo expliqué por qué la edificación en altura les liberaba espacio, una plaza para toda la gente, y zonas verdes, y como si hacíamos lo que permitía el plan, aquello iba a ser un desastre. Oye, hubo un referéndum y se ganó por 97%. Pero contestando preguntas: la comunicación hay que explicarla. Cuando uno cree en lo que hace, admitiendo que puede estar equivocado, debe transmitirlo siempre.

¿Qué crees que va a comunicar la arquitectura del futuro?
Mira, yo quiero transmitir preocupaciones, ¿no? La arquitectura es un hecho, como estamos diciendo, sujeta de contenidos, llena de contenidos, ¿no? Que saca esos contenidos de la realidad. Yo siempre he dicho que la realidad no es un problema. En las escuelas nos enseñaban: “bueno, ahora hacéis edificios bonitos que luego cuando llegue la realidad… ya veréis, será imposible”. Y yo he dicho: “¡Esto es una barbaridad!”. El buen arquitecto es el que es capaz de transformar la realidad en algo fantástico”. “Cuantos más problemas tengan”, les digo a mis alumnos, “mejor”.

Todos mis éxitos han salido de los problemas, también los fracasos; pero han salido. bien. Hoy existe un problema y es que la arquitectura es muy fácil transmitirla en imágenes. Si ya vivimos en un mundo donde la comunicación se basa, en gran medida, en la superficialidad. En el hecho de que hay que eliminar el tiempo, se tienen que ver las cosas rápido porque si hay tiempo para criticarlas, no valen. Bueno, pues en la arquitectura pasa lo mismo. La arquitectura son imágenes. Antes, los viajeros del 19 y del 20 iban a ver los edificios, los visitaban. Hoy, podemos hacerlo porque el turismo era… y yo creo que el turismo volverá… Esto de que el turismo se acaba, es mentira. El hombre necesita comunicarse y salir. Bueno, pues hay que ver los edificios en su contexto, en su uso, en su realidad, en sus razones… ¿Por qué yo utilizo un material en un sitio y no en otro? ¿Qué ocurre? Luego hubo revistas de arquitectura, en donde al principio, había comentarios críticos, juicios, donde se valoraba… Luego desaparecieron y ya sólo quedaron imágenes, pero por lo menos en papel. Hoy, ni siquiera en revistas, simplemente son imágenes que aparecen en el ordenador de una manera rápida en las que, por cierto no se sabe si es realidad o es un render. Es decir, el grado de superficialidad o de transformación de lo que es la comunicación del contenido en pura imagen, es terrible. Y a mí eso me preocupa porque eso no es comunicación. Porque no hay sustancia para comunicar. Es una imagen superficial, es una banalidad.

En un mundo donde es más importante cómo se presentan las cosas, que cómo son, es terrible. Hemos pasado de un mundo donde lo importante era ser honesto, tener contenido, después a parecerlo y ahora ni siquiera parecerlo. Eso es increíble.

Por lo tanto, creo, y como yo sí soy optimista, he dicho, y creo que la vida también es cíclica. Toda la vida es cíclica. Hemos ido por ciclos.

Habrá una reacción a todo esto y, es verdad, que tenemos unos medios de comunicación, que los medios no nos olvidemos como su propio nombre indica, son medios; por lo tanto, instrumentos y no objetivos. Como son muy importantes, espero que esto se reutilice para volver a una comunicación donde otra vez no hay que olvidar los fundamentos, que son: los principios, la veracidad, la profundidad, etc. Igual soy muy optimista pero si no utilizamos lo que tienen los medios de bondad, como medios, pues estamos acabados. Si se convierte en un fin, es terrible.

La arquitectura no se puede transmitir sólo con imágenes, necesitamos verla necesitamos pues, como hoy, explicar cuáles son las razones, cuales son los contenidos que habrá que buscar, y probablemente, como es natural, adaptándonos a los medios técnicos. Ahora, por ejemplo, es verdad que yo puedo explicar un proyecto en vídeo, a 100, a 10.000, a una ciudad entera porque les hablo. Pues mira, pues esto es importante, pero tendré que explicar ese proyecto, no ofrecer sólo una imagen; por lo tanto, y yo soy optimista, creo que la humanidad está mil veces mejor que antes, a veces, nos olvidamos de eso. Tenemos unos medios estupendos pero lo que es importante es no olvidar los principios y los fundamentos porque eso, no cambia. Cuando llego a la arquitectura hace 2.000 años y ahora sigo haciendo arquitectura, para representar una sociedad, una cultura, con unos medios, con una economía y, sobre todo, para hacer mejores ciudades y que la gente viva mejor. Los instrumentos cambiarán, las circunstancias cambiarán, pero no mis objetivos. Entonces, si utilizamos los instrumentos para reforzar los objetivos, también en la comunicación irá bien. Si lo utilizamos para bastardear y engañar la comunicación, como en todo, será un desastre.

FUENTE: https://comversaciones.es/patxi-mangado/

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